‘En la piscina’, un microcuento de Carmen Gómez Ojea

“Kel tiene cuatro años y a la salida del colegio va cada tarde a aprender a nadar en la piscina que hay cerca de su casa. Allí conoció a Eugenia, de la que se hizo muy amigo, aunque ella ya tiene seis años.

Eugenia sabe nadar sin manguitos y es la campeona de todo el grupo de niñas y niños que reciben clase de natación a la misma hora. Pero eso, aunque se llevan muy bien, a Kel le da mucha rabia, porque él tiene que usar los manguitos y querría no ponérselos y ser el primero nadando.

Así que, una de esas tardes en que iban a hacer una exhibición de juegos y bailes en el agua, se puso muy contento al ver que Eugenia no aparecía. La monitora explicó que estaba malita y que no vendría.

Qué suerte -pensó Kel-. Vaya suertudo que soy. Pues de ese modo podría lucirse y todo el mundo diría que era el mejor. Y, en efecto, fue como pensaba.

Pero sucedió que pasaban los días y Eugenia no volvía a la clase de natación, hasta que mamá le dijo con cara de pena que la niña de los grandes ojos verdes que era tan buena con él no volvería más, porque estaba malita.

¿Cuánto de malita? -quiso saber Kel-.

Mucho. Muy, muy malita -le contestó mamá más triste todavía-.

¿Y no va a ponerse buena?

Mamá dijo que no con la cabeza.

¿Y siempre va a estar metida en la cama sin poder nadar?

Algo así -musitó mamá-.

¿Entonces va estar siempre, siempre quieta?

Mamá lo abrazó muy fuerte y luego, sin soltarlo, le dijo al oído:

Se ha muerto.

Kel, con ojos agrandados por el susto, dijo aterrado:

Yo no quería que le pasara eso, de verdad. Yo sólo quería nadar como ella, no que se muriese. Me puse contento cuando no vino el día de la función en la piscina, para ser yo el mejor de todos, pero no quería que se pusiera malita y le pasara eso. No lo quería. De verdad, que no lo quería.

Luego se echó a llorar y llorar, y mamá volvió a abrazarlo. Y se tranquilizó, pero continuó llorando en silencio por Eugenia, hasta que pensó que, a lo mejor, el ángel de la guarda de las niñas y niños, del que le había hablado la abuela, la había llevado al mar, donde se había transformado en sirena y en aquel momento podía estar nadando tan feliz y tan fresca, y viviría allí, sin salir nunca del agua, que era lo que más le gustaba del mundo.

Y, aquella noche, Kel soñó que estaba en la playa, haciendo un castillo de arena en la orilla y, de repente, veía una ola enorme, en la que, como a caballo de un corcel, cabalgaba ella, Eugenia, que le sonreía, le mandaba un beso y luego desaparecía mar adentro. Todo sucedió muy rápido y no pudo ver si seguía teniendo piernas o una cola de sirena, pero eso le daba igual, porque estaba más que contenta, contentísima”.

‘En la piscina’ es el título de este microcuento de la serie ‘Las cosas de Kel’, de la autora Carmen Gómez Ojea, que se suma a la sección de microcuentos de nuestro blog de Mascapáginas, que iniciamos con Vicente García Oliva.

Gómez Ojea, que ha escrito los libros Pantaleón, en todo como un león (eBook) y El verano en que Iveta aprendió a bailar (eBook) para la editorial PEARSON, ha sido finalista del Premio Lazarillo, el galardón más antiguo de España en la Literatura Infantil y Juvenil.